Puesta al día sobre materias primas: turbulencia energética a corto plazo, transformación a largo plazo
Las turbulencias energéticas van más allá del precio: redefinen por completo cómo las naciones entienden la seguridad de su suministro. Las fallas graves en el suministro dejan al descubierto una verdad clara: la energía es el motor del mundo y el crecimiento económico global sigue siendo sumamente vulnerable al vaivén de sus precios. Cuando el pánico y el riesgo dominan los mercados, mirar el panorama general es clave: la historia demuestra que es precisamente en estos momentos donde se gestan las grandes transformaciones económicas estructurales.
Conclusiones principales
- Dado que la economía no puede crecer sin energía, asegurar un flujo constante y protegido deja de ser una opción para convertirse en una prioridad absoluta.
- Las turbulencias energéticas tienen el potencial de llevar a los países a diversificar su dependencia energética, tanto desde una perspectiva geográfica como de recursos.
- Muchas materias primas, como el uranio y el gas natural estadounidense, destacan como posibles beneficiarios directos a largo plazo de este giro hacia la seguridad energética.
Interrupciones de suministro: la prueba definitiva de la fragilidad y el valor de la energía
Los grandes episodios de perturbación energética, como la invasión rusa de Ucrania, la crisis del petróleo de los años 70 o el bloqueo del estrecho de Ormuz ocurrido este año, ponen de relieve no solo la interconexión del mercado energético mundial, sino también cómo la energía es el verdadero motor del crecimiento económico global. Dado el papel esencial de la energía en numerosos sectores de la economía, como el transporte y la manufactura, la demanda tiende a ser relativamente inelástica al precio a corto plazo. Esto significa que los precios más altos apenas frenan el consumo de inmediato. En cambio, los elevados costos de la energía actúan efectivamente como un impuesto sobre la economía mundial, presionando a los consumidores y aumentando los costos de los insumos para las empresas. Esta sobrecarga restringe la actividad industrial, el comercio y el consumo, comprometiendo la trayectoria del crecimiento general.
Los hechos de este año dejaron una lección clara: el mercado energético global sigue estando expuesto a los riesgos de un solo punto geográfico. El cierre del estrecho de Ormuz tiene el potencial de constituir uno de los mayores choques en la historia del suministro petrolero, acaso el de mayor magnitud; el volumen de oferta temporalmente interrumpido resulta comparable a las caídas más drásticas de la demanda observadas durante los confinamientos por COVID-19.
Si bien se espera que el flujo de energía a través del estrecho se reanude finalmente, persiste el riesgo de futuras interrupciones importantes. Consideramos que se ha cruzado una línea clara y que este tipo de riesgos, sumados al papel fundamental que desempeña la energía en la economía mundial, podrían transformar la perspectiva sobre el suministro energético a mediano y largo plazo.


El giro estratégico en energía: priorizar la seguridad sobre el costo
Si bien el precio y el retorno de la inversión han sido históricamente los principales motores de la inversión energética, las interrupciones en el suministro refuerzan la idea de que la seguridad del abastecimiento es igualmente crucial, dado el papel central de la energía en prácticamente todas las facetas de la economía mundial. A nuestro juicio, esto respalda una tesis clara: los países deben diversificar el suministro energético para reforzar la resiliencia y reducir los riesgos de eventos extremos. Esa diversificación no implica necesariamente un alejamiento de los combustibles fósiles, sino más bien una reducción del riesgo de concentración. Esta estrategia implica una diversificación tanto geográfica, hacia productores estables y de confianza como Estados Unidos y Canadá, y proveedores emergentes, como Argentina, como de fuentes de energía, con una mayor inversión en energía nuclear y renovable, como la solar. Al mismo tiempo, sigue siendo esencial contar con una energía de carga base fiable, lo que refuerza la idea de que el objetivo es lograr un sistema energético más equilibrado y seguro, en lugar de abandonar por completo las fuentes de energía existentes. Este renovado énfasis en la seguridad, tras décadas de optimización de costos, podría representar un viento de cola estructural para determinadas industrias y materias primas.

¿Qué materias primas podrían beneficiarse de la diversificación del suministro energético?
En un mundo donde la demanda de energía podría experimentar un cambio de tendencia y el suministro fiable cobra cada vez mayor importancia, consideramos que las siguientes materias primas podrían resultar ganadoras:
Beneficiarios directos:
- Uranio: la energía nuclear representa una fuente de energía limpia, constante y de bajo costo, lo que sitúa al uranio como un claro beneficiario tanto de la diversificación del suministro como de la demanda sostenida derivada de tendencias estructurales, tales como la electrificación y la inteligencia artificial.
- Gas natural de EE. UU.: los actores del sector del gas natural licuado (GNL) de EE. UU. están bien posicionados para ganar cuota de mercado mundial, gracias a su abundante oferta, su creciente capacidad de exportación y su ubicación geográfica estratégica. El aumento de la demanda de GNL estadounidense también podría representar una oportunidad para la industria nacional de transmisión de energía.
- Plata: la energía solar representa otra posible solución de generación de energía alternativa; esta fuente está cobrando cada vez más relevancia en el mercado global de la plata, ya que actualmente supone aproximadamente una quinta parte de la demanda total.1
Habilitadores:
- Cobre: es probable que la diversificación de los sistemas energéticos para mejorar la seguridad acelere aún más la electrificación, sumándose a una demanda ya sólida impulsada por tendencias estructurales como la IA y la expansión de las redes; esto refuerza el papel del cobre como facilitador clave y restringe aún más unas perspectivas de suministro ya limitadas.
Beneficiarios indirectos:
- Litio: diversificar las fuentes de energía para reforzar la seguridad también puede acelerar la adopción de vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento en baterías, a medida que los países buscan reducir su dependencia de los combustibles fósiles importados; esto, en última instancia, brinda un respaldo adicional a la demanda de litio a largo plazo, especialmente en países importadores de energía como China.
- Oro: la reconstrucción de las cadenas de suministro de energía y el cambio estratégico que prioriza la seguridad frente a la rentabilidad deberían, en última instancia, resultar inflacionistas, beneficiando a los activos de reserva de valor como el oro.


Conclusión
A nuestro juicio, las disrupciones en la oferta energética van más allá de ser exabruptos de precios en el corto plazo; son hitos con el potencial de reconfigurar cómo los países plantean la energía a largo plazo. El bloqueo del estrecho de Hormuz es solo el último ejemplo de la vulnerabilidad del mercado energético global, que potencialmente actúa como catalizador para que los países aumenten la inversión en fuentes alternativas de energía para garantizar la seguridad del suministro. Consideramos que este cambio representa un viento a favor estructural para ciertas materias primas relacionadas con la generación, transmisión y almacenamiento de energía, lo que refuerza las perspectivas ya sólidas derivadas de la electrificación global y las tendencias de la inteligencia artificial. En conjunto, esta crisis energética pone de relieve una vez más el papel fundamental que desempeñan las materias primas en una cartera desde la perspectiva de la diversificación, al tiempo que años de inversión insuficiente y la aparición de nuevos motores de demanda sitúan a esta clase de activos en una posición favorable de cara al futuro.